26 de junio de 2011
Rayos y cigarros.
Mi color favorito en el cielo es el gris oscuro. Si hay rayos mejor. Si hay olor a lluvia mejor. Si hay lluvia mejor. Mojarme en la lluvia es una de mis actividades favoritas. Me gusta el sonido de los tubos de agua viejos. Me gusta sentir el agua helada en mis manos. Me gusta abrir la boca y que me caigan copos de nieve. Me gusta patinar en hielo. Me gusta beber agua. No me gusta tener pánico al agua. No me gusta no poder hundirme y ver cardúmenes. Pero el agua que viene, que cae, me mata. Anoche convencí a un asaltante a punta de cuchillo del tamaño de mi antebrazo de que traía pura basura en mi bolsa. No se llevó nada mío. Ni mi celular ni mi cartera. Algún día decreté que yo podría convencer a algún asaltante de no robarme, y sé que sólo se me hizo realidad porque me tocó un pendejo. Pero el otro sí traía pistola, cargada y todo, apuntando a las piernas y sí se veía más bravo y sí logró obtener mucho más de él. Aventó las llaves del auto. Nos fuimos y después de cancelar tarjetas y deletrearles cosas a los policías que las gotas de lluvia destruían sobre su libreta de tareas, caminamos para comprar unos cigarros mientras caían más y más gotas. Nos mojamos y de 4 ó 5 lugares que fuimos, nadie nos aceptó la única tarjeta que no robaron, la mía. Hasta que fuimos a un Oxxo y nos formamos atrás de un borracho que le gritaba al cajero de ojos rojos y almohada marcada en la cara y nos contó un partido de fut y nos pichó la cajetilla por haberlo escuchado. Un cigarro a las cuatro de la mañana con sonido de lluvia y la conclusión de que nadie necesitamos nada y que deberíamos tirar todo a la calle para que se lo roben.
Rock.
Rock.
25 de abril de 2011
Ay, los japoneses.

A veces siento que no entiendo nada. A veces me cuesta decidir cosas simples como si quiero comida japonesa o italiana. A veces todo está claro. Cuando pasa eso, no hay necesidad de electrocutarse o de sentir ganas de aventarse por la ventana o celos. Pero muchas veces sólo se está lleno de dudas y sospechas.
El otro día nos vimos, gracias a un mensaje que salió de mi celular. Nos confesamos eso que siempre sospechamos aunque dudábamos también. Que yo le gustaba desde que eramos chiquitos. Que a mi siempre me dió morbo. Que me tomaba de la mano y me abrazaba cuando jugábamos escondidas. Yo no me acuerdo de tanto. Lo cierto es que no tenemos absolutamente nada en común, mas que ese morbo del tiempo y una historia imposible. Duerme demasiado. Y no sólo de noche, en su vida diaria, en su vida entera. Yo no soy tan angustiada pero me muevo mucho más. De ahí la primer destacable diferencia. Me desespera y me tranquliza que jamás habrá mayor vínculo entre él y yo.
Hoy ví un corto de un hombre murió el año pasado. Me gusta ver vínculos en los trabajos de las personas. En cosas que crean. Jamás veré algo más de él. Qué raro ni siquiera imaginarte cuando tu trabajo es el último. Pensar en que puedes hacer algo después. Ya no. Así de pronto. Sin sospechar. Tal vez yo ya fabriqué el último. Lo dudo como todos dudamos. Como si nunca nos fuéramos a morir.
Tuve un novio japonés hace unos años que me decía "mi reina" y desapareció completamente, así de la nada. Sospecho que se murió, porque tampoco nuestra amiga japonesa en común supo más de él. Y no hubo más que sus últimas palabras con deseos de verme en dos o tres días que llegaba de su viaje. Jamás supe más.
En los últimos dos días repetí comida japonesa dos veces. Una con alguien a quien extraño y me extraña, que me provoca cosas impensables y me cambia el ritmo cardíaco cada vez que lo veo. Otra con una amiga, una rica plática, whisky y una galleta de la suerte que decía: No deje que la duda y la sospecha entorpezcan su progreso.
Escuchando a Kraftwerk otra vez y cambiando dudas por certeza de que no voy pronto a Japón, ni a salvar delfines ni a obtener milisieverts, pero con la sospecha de ir algún otro lugar y el deseo grande de no dormir en el proceso.
5 de abril de 2011
Melange.
Me sorprendí, aunque no era inadvertido, cuando una mujer rubia me presumía lo buen doctor que es él, porque ya le había operado párpados, naríz, boobies, estómago y nalgas. Sí, se le notaba lo exageradamente bueno de su cuerpo en contraste con la flacidez de su piel y la edad que estaba rechinando con un freno de mano autoinducido. Me vió de arriba a abajo y me dijo: "Pues ahora sigues tú!" - ¿Yo? - me pregunté sarcásticamente. Me dió lástima y me reí, pero no le dije nada. Su esposo por otro lado, me tomó por la persona que "nuncavoyavolveraverenmividayaquienpuedoconfiarcualquiercosa" se floreó en celos al decirme que las mujeres se enamoran de quien las hace bonitas mientras ella admiraba esculturas desnudas con el doctor y se hacía la que no escuchaba. Estábamos a menos de metro y medio. Cuadros de desnudos perfectos. Nalgas de Da Vinci. Espejos gigantes. Sillones de piel. Un DJ que se contrató sólo porque la descripción de sus mezclas "sonaba muy cosmopolita". Risas extra nice. Pelos extra peinados. Tacones y corbatas. Estábamos en su consultorio. En la inauguración. Yo, que lo he visto hacer injertos de piel a un electrocutado, también tengo la impresión que es un buen doctor. La cirugía plástica y las muchas caras que conocemos. Pero me sentía inadaptada. Completamente incómoda. No entendí porqué me decían tantas cosas (porque me siguieron diciendo tantas cosas). Me empiné el vino, me despedí y salí huyendo.

Saqué la ficha 18, la 79. No sé porqué siempre se me graban los números de ficha que saco para cualquier cosa. Ya sabemos como funciona la mente de raro. Pero he visto a 3 máximos exponentes en cosas que me importan en la vida aunque ni lo han de saber. Juntos, improvisando algo. Sin querer. Países y continentes distintos, y la música y yo en común. Me he recargado de energía. Muerto de calor. Espero no volver a esos lugares. Al menos ni a la veterinaria, ni al consultorio. Ni a los errores de antes. Aunque no hay sospechas y los días siguen igual, y todo se mueve para el mismo lado. Sé para donde más o menos voy, aunque no tengo idea qué hay allá. Y cuando a veces veo a alguien lindo que me cuenta algo, puedo no escucharlo sólo por estarlo examinando detalladamente, sus ojos, su boca, su voz. Y después me meto en problemas.
18 de marzo de 2011
Shuffle.
Ay, los días de mezclas duras: esquivando a unos albañiles cruzando la calle como los beatles, adquiriendo unas macetas nuevas, bebiendo agua de guayaba con fresa, recordando a un hombre con nombre y actitud de animal, emborrachándome, teniendo ese extraño crush con el trasplantador de hígados, leyendo los tipos de hepatitis, escuchando un sonido de agua y viendo un remolino con hojas secas gigante con fondo del cielo naranja, evitando un internet borracho peligroso, leyendo noticias alarmantes, visitando a un hombre que confunde flores con animales, quitándome la ropa en privado y haciendo una triste colección de tragedias.
Días que odias por ser lo que odias, por hablar de lo que odias que hablen y por quejarte cuando odias a los que se quejan y ver a Estados Unidos echando a perder gente mandándolos a la guerra, cuando tienen la sociedad muy podrida (no wonder). Pero y qué importa todo esto? No existe la felicidad como tal, recordemos, y sigamos mezclando momentos duros y blandos. Ahora tengo una sensibilidad abierta como si mi cuerpo fuera un bosque. Podría llorar con tan sólo pensarlo. Y no reír tan fácilmente. No tan honestamente.

(Te extraño).
Días que odias por ser lo que odias, por hablar de lo que odias que hablen y por quejarte cuando odias a los que se quejan y ver a Estados Unidos echando a perder gente mandándolos a la guerra, cuando tienen la sociedad muy podrida (no wonder). Pero y qué importa todo esto? No existe la felicidad como tal, recordemos, y sigamos mezclando momentos duros y blandos. Ahora tengo una sensibilidad abierta como si mi cuerpo fuera un bosque. Podría llorar con tan sólo pensarlo. Y no reír tan fácilmente. No tan honestamente.

(Te extraño).
10 de marzo de 2011
No me apures.
Ahora voy a escribir sobre mí. Porque siento que llegué a un punto solemne. Tuvo que pasar una cosa insignificante, mal hecha, desvergonzada y medio inútil, pero sirvió de algo. Estuvo mal, pero estuvo bien. Tengo claridad en cosas que me angustiaban y eso me hace ver todo más desempañado. Este año he profundizado algunos pensamientos. He acompañado a gente muy cercana a hacer cosas que marcarán una cosa importante en sus vidas, y no precisamente cosas buenas. A mí me afecta de la manera buena, aprendo. Así que el estar sola en la casa reconforta mucho porque pienso y hablo sola. Y me quedo en silencio. Y pongo música a todo volumen. Como si tuviera más tiempo para mí y para llevar al cine a la gente por ejemplo. Y aunque odio a los humanos me gusta invitar a alguien al cine de pronto. Pero a veces también cancelo. No, no eres tú que pareces esto. Soy yo que soy yo. Punto. Ir sola al cine me encanta. Y no, no me sorprende lo que me dices. Y no estoy enojada contigo. Sólo ya no me sorprendes. Y me voy al cine porque quiero. A ver cualquier idiotez. El rito si quieren (qué porquería de mensajes católicos por cierto, pero que esperaba yo, si filmaron en el Vaticano). Cualquier idiotez. Bueno eso hago yo en esta vida corta. Idioteces, acompañamientos y más idioteces. Sin prisas. No hay mejor cosa que comerse un puré de camote al whisky y tener una cuenta en un bar. Ni que darse el lujo de comer con cuchara todo y empezar a cocinar como hombre.
5 de marzo de 2011
Tomando distancia.
Que cada quien merece lo que le pasa, yo no sé nada de eso. No lo creo. Entonces nadie se sentiría jamás afortunado de algo. Y la gente que nace pobre y en situaciones desafortunadas propicias a las consecuencias terribles no quiere decir que sea mala. Que tenía que pasar, no. Las cosas pasan y ya. Se juntan a veces, pero no tienen significados tan elaborados, a mi manera de pensar. Será que me he convertido en una persona de ciencia 100%? Ya no me dan miedo las historias de fantasmas y apariciones. Ni el diablo, ni la oscuridad ni nada. Tengo la cabeza inyectada de frialdad. Aunque para cosas cercanas y reales, malas noticias y cosas que afectan a gente que tengo muy cerca, tengo la suficiente calidez para tomarlas y sentirlas. Pensarlas mientras voy a algún lado o espero en el banco. Me dan ganas de acercarme y preguntar. La confianza y (la a veces difícil) delicadeza.
Lo que sí creo que debería haber, es una seña internacional de: "No me digan nada." Olvidando los likes y las caritas tristes, un "no te atrevas a abrir la boca u oprimir cualquier tecla". Es terrible que cuando las peores cosas te suceden es cuando la gente más te quiere decir cosas. Cómo saben si no quieres ni siquiera acordarte? Si prefieres distraerte con cualquier otra cosa y recordar lo feo a solas, cuando tienes todo un castillo para correr, llorar y darte de topes. También sé que hay quien le gusta que le digan cosas. Y que a veces sí sirven ciertas palabras de ciertas personas diciendo ciertas cosas. No lo mismo de siempre, repetido. Algo real.
Yo también he sido imprudente. Cuando Luis me avisó que su mamá había muerto, dije: "ay, qué mal!". Pues claro. Qué mal. Ni modo que no. No tenía que decirlo. Gracias por avisar, punto. Lo siento. Lo siento Luis. Ya no sirve de nada y te hice ese momento un poco más miserable. Y no importa que ya pasaron muchos años. Ahora que he perdido gente más cercana, y que las cosas se ponen medio funky fuck, sé lo que se siente. Hay cosas que no quieres ni siquiera que te lo mencionen. Cállense. Qué imprudentes podemos ser...
Lo que sí creo que debería haber, es una seña internacional de: "No me digan nada." Olvidando los likes y las caritas tristes, un "no te atrevas a abrir la boca u oprimir cualquier tecla". Es terrible que cuando las peores cosas te suceden es cuando la gente más te quiere decir cosas. Cómo saben si no quieres ni siquiera acordarte? Si prefieres distraerte con cualquier otra cosa y recordar lo feo a solas, cuando tienes todo un castillo para correr, llorar y darte de topes. También sé que hay quien le gusta que le digan cosas. Y que a veces sí sirven ciertas palabras de ciertas personas diciendo ciertas cosas. No lo mismo de siempre, repetido. Algo real.
Yo también he sido imprudente. Cuando Luis me avisó que su mamá había muerto, dije: "ay, qué mal!". Pues claro. Qué mal. Ni modo que no. No tenía que decirlo. Gracias por avisar, punto. Lo siento. Lo siento Luis. Ya no sirve de nada y te hice ese momento un poco más miserable. Y no importa que ya pasaron muchos años. Ahora que he perdido gente más cercana, y que las cosas se ponen medio funky fuck, sé lo que se siente. Hay cosas que no quieres ni siquiera que te lo mencionen. Cállense. Qué imprudentes podemos ser...
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