Yo la verdad, si quisiera vivir un tiempo en una isla.
Aunque haga frío.
12 de octubre de 2011
5 de octubre de 2011
Tormentas aisladas.
Puedo llamarla telepatía para no hablar de celos pequeños u otras estupideces. Pensaba en cómo funcionan nuestras antenas. ¿Es intuición o qué? A veces nos avisan cosas terribles, que ¿cómo saber si creerles? Muchas veces aciertan. Y a veces -optimístamente- pasan cosas hermosas como soñar con alguien que te está escribiendo en ese momento, o encontrar a una persona sin tener direcciones ni idea de donde está, o sentir que va a pasar algo que poquito después sí pasa. Eso existe. Es nuestro lado animal y lo tenemos mareado por tantas ideas y palabras que nos han llenado esa pequeña parte del cerebro que usamos. Qué ganas me dan de ser más animal para salir a la calle a ver qué encuentro. También para tener ese tiempo libre que tienen ellos y acostarme en el pasto cuando se me de la gana. En lugar de eso voy a seguir trabajando y teniendo que saber cuando haya alguien pedaleando mi bicicleta.
The most powerful instinct of man is to be in conflict with
truth, and with the real.
--Jean Baudrillard, "Radical Thought," 1995
The most powerful instinct of man is to be in conflict with
truth, and with the real.
--Jean Baudrillard, "Radical Thought," 1995
13 de septiembre de 2011
Ser adolescente otra vez.

"Para mí, durante mucho tiempo, sólo existió ella. Como es natural, intenté confesarle muchas veces mis sentimientos. Pero ante ella, no sé por qué razón, era incapaz de traducir mis sentimientos en las palabras justas. en resumidas cuentas, quizás haya sido mejor así. De haberle podido manifestar mis sentimientos, seguro que no me habría tomado en serio."
2 de julio de 2011
Vámos.
Una mudanza de casa, de ciudad, de país, de gente. Así de pronto e inesperado como un portazo en la cara. Como la maquinita de toques que ayer estuvimos armando y que aún no funciona, pero de pronto, seguro, nos va a dar el putazo de toques de una. Ya no tendré casa y sólo pienso en conseguir bici, celular, ubicar el súper y los salones de clases. Esta necesidad de antisedentarismo está volviéndose cosa de cada año, parece. Y aún así, aunque no dure tanto, no me veo satisfecha nunca y eso es porque nunca me voy por completo a dejar de existir. Siempre es más emocionante el estado "a punto de irse" que "a punto de volver". Yo siempre quiero estar a punto de irme. ¡Cuanta violencia se encuentra uno en su propia estabilidad!
Ahora que está mi amigo chileno aquí, recuperé una novela llamada Ayer de Juan Emar, que me recomendó él mismo en su país en 2005, y en la que cada capítulo termina en:
- ¿Vámos?
- ¡Vámos!
26 de junio de 2011
Rayos y cigarros.
Mi color favorito en el cielo es el gris oscuro. Si hay rayos mejor. Si hay olor a lluvia mejor. Si hay lluvia mejor. Mojarme en la lluvia es una de mis actividades favoritas. Me gusta el sonido de los tubos de agua viejos. Me gusta sentir el agua helada en mis manos. Me gusta abrir la boca y que me caigan copos de nieve. Me gusta patinar en hielo. Me gusta beber agua. No me gusta tener pánico al agua. No me gusta no poder hundirme y ver cardúmenes. Pero el agua que viene, que cae, me mata. Anoche convencí a un asaltante a punta de cuchillo del tamaño de mi antebrazo de que traía pura basura en mi bolsa. No se llevó nada mío. Ni mi celular ni mi cartera. Algún día decreté que yo podría convencer a algún asaltante de no robarme, y sé que sólo se me hizo realidad porque me tocó un pendejo. Pero el otro sí traía pistola, cargada y todo, apuntando a las piernas y sí se veía más bravo y sí logró obtener mucho más de él. Aventó las llaves del auto. Nos fuimos y después de cancelar tarjetas y deletrearles cosas a los policías que las gotas de lluvia destruían sobre su libreta de tareas, caminamos para comprar unos cigarros mientras caían más y más gotas. Nos mojamos y de 4 ó 5 lugares que fuimos, nadie nos aceptó la única tarjeta que no robaron, la mía. Hasta que fuimos a un Oxxo y nos formamos atrás de un borracho que le gritaba al cajero de ojos rojos y almohada marcada en la cara y nos contó un partido de fut y nos pichó la cajetilla por haberlo escuchado. Un cigarro a las cuatro de la mañana con sonido de lluvia y la conclusión de que nadie necesitamos nada y que deberíamos tirar todo a la calle para que se lo roben.
Rock.
Rock.
25 de abril de 2011
Ay, los japoneses.

A veces siento que no entiendo nada. A veces me cuesta decidir cosas simples como si quiero comida japonesa o italiana. A veces todo está claro. Cuando pasa eso, no hay necesidad de electrocutarse o de sentir ganas de aventarse por la ventana o celos. Pero muchas veces sólo se está lleno de dudas y sospechas.
El otro día nos vimos, gracias a un mensaje que salió de mi celular. Nos confesamos eso que siempre sospechamos aunque dudábamos también. Que yo le gustaba desde que eramos chiquitos. Que a mi siempre me dió morbo. Que me tomaba de la mano y me abrazaba cuando jugábamos escondidas. Yo no me acuerdo de tanto. Lo cierto es que no tenemos absolutamente nada en común, mas que ese morbo del tiempo y una historia imposible. Duerme demasiado. Y no sólo de noche, en su vida diaria, en su vida entera. Yo no soy tan angustiada pero me muevo mucho más. De ahí la primer destacable diferencia. Me desespera y me tranquliza que jamás habrá mayor vínculo entre él y yo.
Hoy ví un corto de un hombre murió el año pasado. Me gusta ver vínculos en los trabajos de las personas. En cosas que crean. Jamás veré algo más de él. Qué raro ni siquiera imaginarte cuando tu trabajo es el último. Pensar en que puedes hacer algo después. Ya no. Así de pronto. Sin sospechar. Tal vez yo ya fabriqué el último. Lo dudo como todos dudamos. Como si nunca nos fuéramos a morir.
Tuve un novio japonés hace unos años que me decía "mi reina" y desapareció completamente, así de la nada. Sospecho que se murió, porque tampoco nuestra amiga japonesa en común supo más de él. Y no hubo más que sus últimas palabras con deseos de verme en dos o tres días que llegaba de su viaje. Jamás supe más.
En los últimos dos días repetí comida japonesa dos veces. Una con alguien a quien extraño y me extraña, que me provoca cosas impensables y me cambia el ritmo cardíaco cada vez que lo veo. Otra con una amiga, una rica plática, whisky y una galleta de la suerte que decía: No deje que la duda y la sospecha entorpezcan su progreso.
Escuchando a Kraftwerk otra vez y cambiando dudas por certeza de que no voy pronto a Japón, ni a salvar delfines ni a obtener milisieverts, pero con la sospecha de ir algún otro lugar y el deseo grande de no dormir en el proceso.
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