2 de julio de 2011

Vámos.

Una mudanza de casa, de ciudad, de país, de gente. Así de pronto e inesperado como un portazo en la cara. Como la maquinita de toques que ayer estuvimos armando y que aún no funciona, pero de pronto, seguro, nos va a dar el putazo de toques de una. Ya no tendré casa y sólo pienso en conseguir bici, celular, ubicar el súper y los salones de clases. Esta necesidad de antisedentarismo está volviéndose cosa de cada año, parece. Y aún así, aunque no dure tanto, no me veo satisfecha nunca y eso es porque nunca me voy por completo a dejar de existir. Siempre es más emocionante el estado "a punto de irse" que "a punto de volver". Yo siempre quiero estar a punto de irme. ¡Cuanta violencia se encuentra uno en su propia estabilidad!

Ahora que está mi amigo chileno aquí, recuperé una novela llamada Ayer de Juan Emar, que me recomendó él mismo en su país en 2005, y en la que cada capítulo termina en:
- ¿Vámos?
- ¡Vámos!

26 de junio de 2011

Inbox con ritmo.

Rayos y cigarros.

Mi color favorito en el cielo es el gris oscuro. Si hay rayos mejor. Si hay olor a lluvia mejor. Si hay lluvia mejor. Mojarme en la lluvia es una de mis actividades favoritas. Me gusta el sonido de los tubos de agua viejos. Me gusta sentir el agua helada en mis manos. Me gusta abrir la boca y que me caigan copos de nieve. Me gusta patinar en hielo. Me gusta beber agua. No me gusta tener pánico al agua. No me gusta no poder hundirme y ver cardúmenes. Pero el agua que viene, que cae, me mata. Anoche convencí a un asaltante a punta de cuchillo del tamaño de mi antebrazo de que traía pura basura en mi bolsa. No se llevó nada mío. Ni mi celular ni mi cartera. Algún día decreté que yo podría convencer a algún asaltante de no robarme, y sé que sólo se me hizo realidad porque me tocó un pendejo. Pero el otro sí traía pistola, cargada y todo, apuntando a las piernas y sí se veía más bravo y sí logró obtener mucho más de él. Aventó las llaves del auto. Nos fuimos y después de cancelar tarjetas y deletrearles cosas a los policías que las gotas de lluvia destruían sobre su libreta de tareas, caminamos para comprar unos cigarros mientras caían más y más gotas. Nos mojamos y de 4 ó 5 lugares que fuimos, nadie nos aceptó la única tarjeta que no robaron, la mía. Hasta que fuimos a un Oxxo y nos formamos atrás de un borracho que le gritaba al cajero de ojos rojos y almohada marcada en la cara y nos contó un partido de fut y nos pichó la cajetilla por haberlo escuchado. Un cigarro a las cuatro de la mañana con sonido de lluvia y la conclusión de que nadie necesitamos nada y que deberíamos tirar todo a la calle para que se lo roben.

Rock.

25 de abril de 2011

Ay, los japoneses.



A veces siento que no entiendo nada. A veces me cuesta decidir cosas simples como si quiero comida japonesa o italiana. A veces todo está claro. Cuando pasa eso, no hay necesidad de electrocutarse o de sentir ganas de aventarse por la ventana o celos. Pero muchas veces sólo se está lleno de dudas y sospechas.

El otro día nos vimos, gracias a un mensaje que salió de mi celular. Nos confesamos eso que siempre sospechamos aunque dudábamos también. Que yo le gustaba desde que eramos chiquitos. Que a mi siempre me dió morbo. Que me tomaba de la mano y me abrazaba cuando jugábamos escondidas. Yo no me acuerdo de tanto. Lo cierto es que no tenemos absolutamente nada en común, mas que ese morbo del tiempo y una historia imposible. Duerme demasiado. Y no sólo de noche, en su vida diaria, en su vida entera. Yo no soy tan angustiada pero me muevo mucho más. De ahí la primer destacable diferencia. Me desespera y me tranquliza que jamás habrá mayor vínculo entre él y yo.

Hoy ví un corto de un hombre murió el año pasado. Me gusta ver vínculos en los trabajos de las personas. En cosas que crean. Jamás veré algo más de él. Qué raro ni siquiera imaginarte cuando tu trabajo es el último. Pensar en que puedes hacer algo después. Ya no. Así de pronto. Sin sospechar. Tal vez yo ya fabriqué el último. Lo dudo como todos dudamos. Como si nunca nos fuéramos a morir.

Tuve un novio japonés hace unos años que me decía "mi reina" y desapareció completamente, así de la nada. Sospecho que se murió, porque tampoco nuestra amiga japonesa en común supo más de él. Y no hubo más que sus últimas palabras con deseos de verme en dos o tres días que llegaba de su viaje. Jamás supe más.

En los últimos dos días repetí comida japonesa dos veces. Una con alguien a quien extraño y me extraña, que me provoca cosas impensables y me cambia el ritmo cardíaco cada vez que lo veo. Otra con una amiga, una rica plática, whisky y una galleta de la suerte que decía: No deje que la duda y la sospecha entorpezcan su progreso.

Escuchando a Kraftwerk otra vez y cambiando dudas por certeza de que no voy pronto a Japón, ni a salvar delfines ni a obtener milisieverts, pero con la sospecha de ir algún otro lugar y el deseo grande de no dormir en el proceso.

5 de abril de 2011

Melange.


Me sorprendí, aunque no era inadvertido, cuando una mujer rubia me presumía lo buen doctor que es él, porque ya le había operado párpados, naríz, boobies, estómago y nalgas. Sí, se le notaba lo exageradamente bueno de su cuerpo en contraste con la flacidez de su piel y la edad que estaba rechinando con un freno de mano autoinducido. Me vió de arriba a abajo y me dijo: "Pues ahora sigues tú!" - ¿Yo? - me pregunté sarcásticamente. Me dió lástima y me reí, pero no le dije nada. Su esposo por otro lado, me tomó por la persona que "nuncavoyavolveraverenmividayaquienpuedoconfiarcualquiercosa" se floreó en celos al decirme que las mujeres se enamoran de quien las hace bonitas mientras ella admiraba esculturas desnudas con el doctor y se hacía la que no escuchaba. Estábamos a menos de metro y medio. Cuadros de desnudos perfectos. Nalgas de Da Vinci. Espejos gigantes. Sillones de piel. Un DJ que se contrató sólo porque la descripción de sus mezclas "sonaba muy cosmopolita". Risas extra nice. Pelos extra peinados. Tacones y corbatas. Estábamos en su consultorio. En la inauguración. Yo, que lo he visto hacer injertos de piel a un electrocutado, también tengo la impresión que es un buen doctor. La cirugía plástica y las muchas caras que conocemos. Pero me sentía inadaptada. Completamente incómoda. No entendí porqué me decían tantas cosas (porque me siguieron diciendo tantas cosas). Me empiné el vino, me despedí y salí huyendo.



Saqué la ficha 18, la 79. No sé porqué siempre se me graban los números de ficha que saco para cualquier cosa. Ya sabemos como funciona la mente de raro. Pero he visto a 3 máximos exponentes en cosas que me importan en la vida aunque ni lo han de saber. Juntos, improvisando algo. Sin querer. Países y continentes distintos, y la música y yo en común. Me he recargado de energía. Muerto de calor. Espero no volver a esos lugares. Al menos ni a la veterinaria, ni al consultorio. Ni a los errores de antes. Aunque no hay sospechas y los días siguen igual, y todo se mueve para el mismo lado. Sé para donde más o menos voy, aunque no tengo idea qué hay allá. Y cuando a veces veo a alguien lindo que me cuenta algo, puedo no escucharlo sólo por estarlo examinando detalladamente, sus ojos, su boca, su voz. Y después me meto en problemas.

18 de marzo de 2011

Shuffle.

Ay, los días de mezclas duras: esquivando a unos albañiles cruzando la calle como los beatles, adquiriendo unas macetas nuevas, bebiendo agua de guayaba con fresa, recordando a un hombre con nombre y actitud de animal, emborrachándome, teniendo ese extraño crush con el trasplantador de hígados, leyendo los tipos de hepatitis, escuchando un sonido de agua y viendo un remolino con hojas secas gigante con fondo del cielo naranja, evitando un internet borracho peligroso, leyendo noticias alarmantes, visitando a un hombre que confunde flores con animales, quitándome la ropa en privado y haciendo una triste colección de tragedias.

Días que odias por ser lo que odias, por hablar de lo que odias que hablen y por quejarte cuando odias a los que se quejan y ver a Estados Unidos echando a perder gente mandándolos a la guerra, cuando tienen la sociedad muy podrida (no wonder). Pero y qué importa todo esto? No existe la felicidad como tal, recordemos, y sigamos mezclando momentos duros y blandos. Ahora tengo una sensibilidad abierta como si mi cuerpo fuera un bosque. Podría llorar con tan sólo pensarlo. Y no reír tan fácilmente. No tan honestamente.






(Te extraño).