21 de octubre de 2011

Pensé que eran cuetes, pero era la puerta con el viento.

Desperté triste y ví una bonita película que me hizo llorar.



Hace tiempo que me he siento como un personaje de alguna película de Kieslowski. Todos los días por ejemplo, cocinando en silencio, de noche, con luz indirecta, sentándome, comiendo junto a mi perro, quedándome un rato viendo la pared, pensando que me hace falta vivir en un edificio alto y tener una ventana gigante que de al edificio de enfrente donde alguien me espíe. Duermo casi en la calle, pero nadie me ve nunca. Los veo pasar, incluso he estado con la puerta / ventana abierta, grabando los sonidos de la gente pasar, y no me ven. Qué raro.

Como dijo Beth Gibbons, "... but this loneliness, it just won't leave me alone."

12 de octubre de 2011

Yo aislada.

Yo la verdad, si quisiera vivir un tiempo en una isla.
Aunque haga frío.

5 de octubre de 2011

Tormentas aisladas.

Puedo llamarla telepatía para no hablar de celos pequeños u otras estupideces. Pensaba en cómo funcionan nuestras antenas. ¿Es intuición o qué? A veces nos avisan cosas terribles, que ¿cómo saber si creerles? Muchas veces aciertan. Y a veces -optimístamente- pasan cosas hermosas como soñar con alguien que te está escribiendo en ese momento, o encontrar a una persona sin tener direcciones ni idea de donde está, o sentir que va a pasar algo que poquito después sí pasa. Eso existe. Es nuestro lado animal y lo tenemos mareado por tantas ideas y palabras que nos han llenado esa pequeña parte del cerebro que usamos. Qué ganas me dan de ser más animal para salir a la calle a ver qué encuentro. También para tener ese tiempo libre que tienen ellos y acostarme en el pasto cuando se me de la gana. En lugar de eso voy a seguir trabajando y teniendo que saber cuando haya alguien pedaleando mi bicicleta.



The most powerful instinct of man is to be in conflict with
truth, and with the real.

--Jean Baudrillard, "Radical Thought," 1995

2 de julio de 2011

Vámos.

Una mudanza de casa, de ciudad, de país, de gente. Así de pronto e inesperado como un portazo en la cara. Como la maquinita de toques que ayer estuvimos armando y que aún no funciona, pero de pronto, seguro, nos va a dar el putazo de toques de una. Ya no tendré casa y sólo pienso en conseguir bici, celular, ubicar el súper y los salones de clases. Esta necesidad de antisedentarismo está volviéndose cosa de cada año, parece. Y aún así, aunque no dure tanto, no me veo satisfecha nunca y eso es porque nunca me voy por completo a dejar de existir. Siempre es más emocionante el estado "a punto de irse" que "a punto de volver". Yo siempre quiero estar a punto de irme. ¡Cuanta violencia se encuentra uno en su propia estabilidad!

Ahora que está mi amigo chileno aquí, recuperé una novela llamada Ayer de Juan Emar, que me recomendó él mismo en su país en 2005, y en la que cada capítulo termina en:
- ¿Vámos?
- ¡Vámos!

26 de junio de 2011

Inbox con ritmo.

Rayos y cigarros.

Mi color favorito en el cielo es el gris oscuro. Si hay rayos mejor. Si hay olor a lluvia mejor. Si hay lluvia mejor. Mojarme en la lluvia es una de mis actividades favoritas. Me gusta el sonido de los tubos de agua viejos. Me gusta sentir el agua helada en mis manos. Me gusta abrir la boca y que me caigan copos de nieve. Me gusta patinar en hielo. Me gusta beber agua. No me gusta tener pánico al agua. No me gusta no poder hundirme y ver cardúmenes. Pero el agua que viene, que cae, me mata. Anoche convencí a un asaltante a punta de cuchillo del tamaño de mi antebrazo de que traía pura basura en mi bolsa. No se llevó nada mío. Ni mi celular ni mi cartera. Algún día decreté que yo podría convencer a algún asaltante de no robarme, y sé que sólo se me hizo realidad porque me tocó un pendejo. Pero el otro sí traía pistola, cargada y todo, apuntando a las piernas y sí se veía más bravo y sí logró obtener mucho más de él. Aventó las llaves del auto. Nos fuimos y después de cancelar tarjetas y deletrearles cosas a los policías que las gotas de lluvia destruían sobre su libreta de tareas, caminamos para comprar unos cigarros mientras caían más y más gotas. Nos mojamos y de 4 ó 5 lugares que fuimos, nadie nos aceptó la única tarjeta que no robaron, la mía. Hasta que fuimos a un Oxxo y nos formamos atrás de un borracho que le gritaba al cajero de ojos rojos y almohada marcada en la cara y nos contó un partido de fut y nos pichó la cajetilla por haberlo escuchado. Un cigarro a las cuatro de la mañana con sonido de lluvia y la conclusión de que nadie necesitamos nada y que deberíamos tirar todo a la calle para que se lo roben.

Rock.