19 de enero de 2012

No.

Me plantearon hace poco dejar de hacer lo que hago y dedicarme a hacer dinero para mantener mi cabeza en paz y no enloquecer, como lo hago siempre. Pero creo que más bien, el enloquecer de hoy es el mantenerse cuerda del dejar de hacer lo que a uno le gusta, aunque no deje dinero, y si eso cuesta ser una persona difícil, pues entonces lo asumo. No concibo las cosas de otra forma, ni modo. Además parte de lo sabroso, viene de romperse la cabeza. Hay que reventar cosas para armar otras. Eso mejor que vivir en línea recta, como en autopista mainstream, cagado de lana para que te alcance para comprarte tu closet en Armani. A mi me suena muy lógico y hasta repetitivo. Pero las cosas que gustan y valen la pena, nunca es cansado repetirlas. Como:

http://soundcloud.com/timzawada/kraftwerked-a-mix-by-tim


8 de enero de 2012

Lo que puedo decir sobre París.

No quisiera ir a París ya. No conozco pero he estado ahí 4 veces en las que fracasó el conocimiento y los paseos y todo el cliché, y una de las cuales me enfermé a unos metros de la Mona Lisa (no la ví) y la pasé en un hospital cuya cuenta jamás pagué. La última vez me junté con alguien en el sur, en Bellevue, en una casita donde hicieron ruido y era estar como en Chile o cualquier otro lugar y no encontré autobús ni tren y del metro en la noche me siguió un hombre hacia un restaurante tailandés, y una mujer me prestó su celular y me apuraba, conocí a otros amigos y tomamos cerveza y dormí en una cocina de alguien unas horas y me fui de ese país. Una de estas noches soñé que iba y trabajaba allá y es la única vez que me he sentido más cerca de esa ciudad. Uno de mis amigos más queridos vivió ahí con gente que clonaba caballos. Un exnovio con quien estudié francés vive ahí. El soundtrack de Midnight in Paris de Woody Allen está muy bueno. Aeroméxico tuvo a bien mandarme una reserva que no hice, a París. Igual y así si voy, pero otra vez, llegaré a irme. Aparte no me gusta mucho la idea romántica que hay sobre esta ciudad. Será que la conocí en un universo paralelo que no se parece nada ni siquiera a Francia y las personas son feas o doctores. Se parece más a la de Irreversible pero sin rectum y sin violación en passage. Y dos años estudié francés . Y me gusta el pan francés y las papas a la francesa que son de Bélgica.

Qué aburrido post, ojalá nadie lo lea nunca.

30 de diciembre de 2011

Último repasón.

Nadie vivió lo mismo nunca. Si a alguien le interesara, este es un resumen de un año con poco respiro descrita en detalles.

Las tormentas blancas y silenciosas. El viento que ie congeló las manos. La muerte de mi abuela en el metro. El último cigarro, las lágrimas y la nieve. Los gigas, el inglés, los filtros, las noches profundas. Judíos ortodoxos, Manhattan, Brooklyn. El lente descalibrado. Reveladas, corridas, sudadas, grabadas, filmadas. Pocos descansos, muchas risas, algunos pedos. Cantar todas las canciones del radik con la misma letra. Al desierto, la frontera, las pistolas, los migrantes. Un México descalibrado. Pipopes. Norteños. Burritos. Life is hard in the campo. Fin de rodaje, el primer largometraje y despedidas en el aeropuerto.

Pruebas interminables de cámara. La enfermedad de mi madre y mis manos oliendo a revelador. Los súbitos sucesos con mi casa y sus habitantes. Viajes de mi corto por el mundo. Cohabitar y viajar con él, Neu!, los ventiladores, el piso frío, Fred Frith, el metro, Residents, los tacos de chile relleno, el hígado encebollado, mañanas con café de codo, Kevin Drumm, andar en calzones, Zbig Rybczynski. Quesadillas frías, máquina de destrucción pasiva, botellas de tequila, perro despertador aventado en la cama. Las tormentas, las exposiciones, las clases particulares, la depresión. La boda 50 de mis padres. La complicidad, un asalto a mano armada y el cigarro gratis, la lluvia, la madrugada. Dejar una casa vacía. Regresar. Dormir en el aeropuerto.

Aeromozas, trenes, países, autobuses. Berlín. La bicicleta, las clases, las inolvidables deliciosas tardes en el parque. Los vodkas chiquitos, el canal, los domingos, los amigos nuevos, entrañables. La ventana, la lluvia y cuatro piernas juntas. La máquina de dar toques. Una cámara de 10 euros, el alemán, el Spreewald y el placer de una vida perfecta. Filmadas, reveladas, pedaleadas, salchichas, rosé, desayunos, proyecciones, toboganes y más parques. La casi muerte, las tripas tiradas en el atlántico. Trabajar. Enviar paquetes. Más allá del clonazepam. Cenas preciosas que dan dolor de cabeza. Euros, chocolates, cervezas, hígado. Pasear en moto. Las terribles despedidas de gente, de continente.

Estar homeless, escalar como terapia. Un primer corte. El viaje gratis, el pánico escénico, los whiskies previos, la cena de Rosh Hashaná en casa de un gerente de Bank of America. Más reveladas, corridas, sudadas, decepcionadas. El séptimo sello del año en mi pasaporte. Sus novelas y los contados, nerviosos encuentros. Un cumpleaños tranquilo, hermoso, silencioso en traje de baño. Skype. Colaboraciones extraordinarias. Historias desgarradoras de cerca. Los desaparecidos y las visitas al semefo. Filmar, finalizar beca. The Caretaker. La ansiedad, depresión, enfado irradiado. Soledad autoinfringida. Enfadar a los amigos. Insomnio, pesadillas, sueños recurrentes. Mi fin de rodaje, el último y final revelado, escaneado. La entrega de un año entero en una estación del metrobús.

Sonreír por haber vivido en mis tres ciudades favoritas del mundo. Los perros, el departamento, fedex, aduana y los impuestos. El bosque y la desmotivación. Terminar, terminar, terminar. Las ganas de que pasen los días, las semanas, los meses y ver si algo sirvió de algo.

22 de diciembre de 2011

Último tren.

Cada diciembre se multiplica el nivel de alcohol, crimen, objetos inútiles y narices rojas. Como si pagaran por hacer, consumir, robar y comprar. Inútil también es preguntarse para qué. La cosa es que la cautela también aumenta y si se te hace poquito tarde despidiéndote de una conversación medianamente interesante, te toca subir al último tren que te lleva a casa y ni modo. Eso me acaba de suceder y me encontré con varias peculiaridades a dos días de los millones de bacalaos y pavos muertos, rellenos, servidos. Un hombre iba borrachísimo y vomitó la entrada. Un doctor se sentó junto a el sin darse cuenta. Y apenas la primera de diez estaciones. Cada vez aumentaba la gente y el olor hasta que se subió un enano refunfuñón y se paró adelante de mí y sacó de su mochila un perfume barato y se echó y les echó a los que estaban a su alrededor en los cinturones, botones de las camisas. Y claro, el olor mezclado, evaporado, justo a mi naríz. Me pregunté como no hay multas por producir olores que pueden provocar náuseas. Después suben personas sudando alcohol, todos patinando en el vómito, una señora vestida de Santa Claus, un policía, un adolescente borracho que atrapaba su mano en la puerta y yo cada vez más abrigada en gente, tocando nalgas, leyendo libros de cabeza, rodeando cinturas, respirando pelo, escuchando toses, otra fragancia fuerte, dulce, barata y no vamos ni a la mitad. Sólo pienso en salir corriendo de ahí, pero es el último tren y nadie se baja, al contrario se siguen subiendo. Y el hombre vomitado dormido, pegándose. Y todos sobándonos, oliendo. Y el conductor frenando, moviéndonos. Como seguro se sentirá estar en una olla de pozole hirviendo.

Finalmente salí y la gente se revolvió toda y me continuaron una conversación rarísima. No corrí como quería, nadie me siguió, y quizá ni era ese el último tren.

6 de diciembre de 2011

Libros y cadáveres.

Cualquier párrafo, sonido, palabra, pensamiento, beso, llamada, están provocándole quassi-explosiones a mis venas gordas y calientes. Es algo parecido a una prisa por dejar de sentir cualquier cosa, todo. Avant-Zukunft en el nivel más personal. Me siento como un animal rabioso con los ojos tapados perdido por un bosque plácido y desnudo, tropezándome con pantanos exquisitos, rasguñándome con las ramas pulmones y cayéndome a los hoyos obstáculos. Altas y bajas entremezcladas, carencias y abundancias de todo. Al mismo tiempo deseando que nunca me destapen los ojos, pero ya escucho a los humanos venir por mí, armados hasta los dientes para cazarme y meterme por la fuerza a un mundo donde no hay hiperactividad, ni trabajo, ni rollos, ni árboles, ni pantanos ni pulmones ni obstáculos. Pero no me van a matar. Me van a dejar vivir las vacaciones más aburridas y sádicas del mundo, con los ojos destapados mirando, leyendo las noticias de los nuevos muertos.

Pero ver las noticias entretiene mucho, con todo venas hinchadas, es casi como leer un libro eterno. ¿Dónde y cómo y cuando se irá a acabar?

El título de este post es por las faltas y abundancias entremezcladas que pasan todo el tiempo, más últimamente acá. Hay tantos y faltan tantos de los dos... , como dijo un letrero de esa librería que se ha puesto de moda aunque no quiera mencionarla: si la letra con sangre entra, el país debe estar leyendo mucho.

Recomiendo, salir a los parques a respirar y dormir una siesta, levantar las piernas para que baje la sangre o caminar por el parque con los ojos tapados.


28 de noviembre de 2011

Gigante ilusión.

La dulce acidez y las palabras de alguien que te escribió después de esa segunda vez que se fue:

oye, esta bien decirle a alguien
que tengo muy pocas cosas claras en la vida,
y que ese alguien es una de esas cosas?

y contestaste que sí, muchos años después del: hola de dónde eres? y no despegarse y estar existiendo juntos todo ese año, cuando te traía sandwiches de queso a la escuela, te acuerdas que a todo decía sí, vamos, y pasar por él, huyendo, corriendo de la mano, metiéndose al cine, a fiestas random con muchos costales llenos de carcajadas dementes y que funcione la cosa y que centrifuga, pero uno es lento y las tripas, y no hubo suficiente tiempo y vive en otro lado, y la distancia lo corta y lo manda al cajón de las cosas inconclusas en la vida, pero somos amigos y nos olvidamos de los terribles momentos borrachos peligrosos y de tantos días que no se aprovecharon porque no se empató el momento con el espacio porque un día vienes y nos vamos al aeropuerto a ver aviones acostados en el cofre y vino y labios morados y nos acordamos de lo bien que se siente estar juntos, todo el día yendo a todos lados, y los intensos momentos de despedirse otra vez y en el último minuto decir que hay amor y que si te piden que te quedes te quedas pero luego tienes novio y quieres decirle que se quede pero amas a tu novio y no dices nada, pero no quieres que se vaya pero ya se va el autobús y te quedas como idiota diciéndole con los ojos quédate y con la boca nada porque tu cerebro se partió en dos y subirte al autobús y todos queriendo no estar donde están y no pensar en quien piensan y es imposible porque arrancó el autobús que va a otra ciudad, a otro país, y tu corazón roto yéndose y desde lejos todos los mensajes, el internet peligroso y borracho, los mensajes de estás bonita y la cruda moral, las mariposas latentes, tu novio y tus ganas ahogadas de decirle vente y no saber que pasarían tantos años y nada y todo para que ese novio te arrancara el corazón meses después y tomaras el avión internacional porque estás triste y sólo quieres verlo a él, tomar toda la cerveza con él, huir otra vez con él, y vomites en su cocina después de besarlo por primera vez, y otra vez darte cuenta que sigues en el mismo cajón con las demencias desempatadas, y que él está en otro de besarse con otras, ahora mi corazón roto, voy, ven, te vuelves a ir, ya no regresas, ya te fuiste, ya no te dije, no sentí ya, ahora lo siento, pasan más años, en el futuro no pasó nada, skypeamos, engordamos, envejecemos, no existes, ni existo, sólo cada cuando, cada tal o cual año sin saber mucho, nada y ya se acaba la historia hasta que recuerdo las carcajadas dementes y los planes de entrar a bodas ajenas a bebernos el vino y embarrarnos su pastel, agarrarle nalgas tetas a los novios y salir corriendo, todas esas políticas de estado que inventamos y ya ni limones invisibles en los ojos hay, no, es que las historias más bonitas son siempre muy bonitas, muy prometedoras, empiezan tan poderosas pero terminan tan débiles, siendo olvidadas y acaba uno olvidándose de todo, hasta de lo bonito, hasta del color exacto de tus ojos, de tu mail, del manifiesto de la secta post-apocalíptica de los drones, de la letra de canciones de José José, de que hace mucho te gustaba una sueca, que usabas barba y no bigote, de la cara del hombre nazi que hacía los sandwiches más ricos de todo el universo, y de aquel año nuevo en que no terminó el mundo.

Cita:
Barbour argues that "we live in a universe which has neither past nor future. a strange new world in which we are alive and dead in the same instant. in this eternal present, our sense of the passage of time is nothing more than a giant cosmic illusion..."


11 de noviembre de 2011

DHL

Recibí un paquete que no sé si es el fin o el principio de algo.




Este año he estado enviando cosas análogamente y ya recibí una, qué bonito. Los amigos que mandaban cosas regularmente están ocupados con sus hijos. Este remitente se ha hecho ya la vasectomía, quiero creer.