29 de abril de 2010

Lo más sublime.


Al día de hoy sé exactamente cuál ha sido el momento más bonito e intenso de mi vida. Mil veces más que sentirse enamorado. Un poquito más que volar.
Y fue el 27 de enero del 2009, casi 28, tal vez ya 28, qué importa, alrededor de la medianoche.

Quiero volver a sentirlo. Será muy difícil?


27 de abril de 2010

Wikipedia surfing.










Actualmente hay suficientes armas nucleares como para producir la destrucción total del planeta Tierra tres veces.




ok.



>> after hours.

26 de abril de 2010

Estrenando tele.


Mi papá compró una tele.


23 de abril de 2010

De abajo, hacia arriba.


En este mood.
Y el soundtrack de Dead man (Neil Young).


22 de abril de 2010

21 de abril de 2010

Pretextos.

Algunas cosas son imposibles de recordar y algunas cosas son imposibles de olvidar.
Y ahí estoy, recordando lo que debería olvidar, y olvidando lo que debería recordar.
La nave de la concentración se quedó en algún punto del espacio, lejos de mi cabeza como si el tiempo ni existiera y los deadlines fueran una broma. Pero todo esto es una broma que no da risa. Y estar sin estar, lejos pero cerca, constante e inestable. Pretextos. Cosas difíciles. Petardos a la fluidez. Cosas imposibles de controlar. 'Cabeza despierta!' quiero gritar. Quiero pensar en la utilidad de las cosas. En qué voy a leer. En qué voy a escribir...

Por sí mismas, las cosas no significan nada, como los utensilios de cocina de una civilización antigua; pero sin embargo nos dicen algo, siguen allí no como simples objetos, sino como vestigios de pensamientos, de conciencia; emblemas de la soledad en que un hombre toma las decisiones sobre su propia vida: teñirse el pelo, usar una camisa u otra, vivir o morir. Y una vez que ha llegado la muerte, todo es absolutamente inútil.

(Paul Auster, La invención de la soledad)


16 de abril de 2010

Flaming June.


Esta pintura me encanta.
La ví muchas mañanas con la poca luz que entraba de las cortinas cerradas, intentando levantarme, pero como la tenía en frente, y un brazo apretándome las costillas, no podía. Sólo la veía y me moría de la envidia. Entre el sueño y la muerte. Amaneciendo, se siente la temperatura y se ve recién pariseada. Hoy soñé con ella. Y tuve que pedir su nombre. Y él, ni siquiera sabía que la tenía en su cuarto. Y pues aquí está. Flaming June.


Lord Frederic Leighton, 1895